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LUCAS 18: 9-14

Lc 18:9 Y dijo también a unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban a los otros, esta parábola: Lc 18:10 Dos hombres subieron al templo a orar: el uno Fariseo, el otro publicano. Lc 18:11 El Fariseo, en pie, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; Lc 18:12 Ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que poseo. Lc 18:13 Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propició a mí pecador. Lc 18:14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.

 

LUCAS 19: 45-46

Lc 19:45 Y entrando en el templo, comenzó a echar fuera a todos los que vendían y compraban en Él. Lc 19:46 Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.

 

LUCAS 22: 39-46

Lc 22:39 Y saliendo, se fue, como solía, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron. Lc 22:40 Y como llegó a aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. Lc 22:41 Y Él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, Lc 22:42 Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Lc 22:43 Y le apareció un ángel del cielo confortándole. Lc 22:44 Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fue su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra. Lc 22:45 Y como se levantó de la oración, y vino a sus discípulos, hallólos durmiendo de tristeza; Lc 22:46 Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos, y orad que no entréis en tentación.

 

LUCAS 23: 26-33

Lc 23:26 Y llevándole, tomaron a un Simón Cireneo, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús. Lc 23:27 Y le seguía una grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban y lamentaban. Lc 23:28 Mas Jesús, vuelto a ellas, les dice: Hijas de Jerusalem, no me lloréis a mí, mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos. Lc 23:29 Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron. Lc 23:30 Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros: y a los collados: Cubridnos. Lc 23:31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará? Lc 23:32 Y llevaban también con Él otros dos, malhechores, a ser muertos. Lc 23:33 Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha, y otro a la izquierda.

 

 

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