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LA

GRAN

NECESIDAD

DEL

SACRIFICIO DE CRISTO

Si quiere ver esta ilustración ampliada haga click sobre ella (aquí se representa al Señor hablando con Nicodemo como se relata en el pasaje de Juan 3 que aparece a continuación).


Por Adolfo Ricardo Ybarra ©


"Y, como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado; para que todo aquel que en Él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." (Juan 3: 14-16)

EL OBJETIVO DE JESÚS:

En el texto de la Biblia que hemos leído y que vamos a considerar en este mensaje hasta el final, el Señor Jesucristo se llama a sí mismo "el Hijo del Hombre", es Jesús quien habla allí para afirmar la necesidad ineludible de su propio sacrificio por nosotros cuando dice: "es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado [en la cruz]".

Cierta vez viajé desde la ciudad donde vivo (llamada Corrientes) hasta la ciudad de Buenos Aires (Capital de Argentina, mi país); para eso tuve que adquirir un pasaje de un coche con destino final en Buenos Aires; en mi pasaje estaba marcado con una equis "Buenos Aires", las rutas unían Corrientes con Buenos Aires y los choferes del coche tenían en su mente llegar finalmente a Buenos Aires; que era el destino final de ese viaje y también mi objetivo. Del mismo modo el Señor Jesucristo vino desde el cielo a la tierra con un objetivo preciso según su propio dicho:

"Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido." (Mateo 18: 11)

"Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos." (Mateo 20: 28)

El pensamiento del Señor Jesucristo era llegar a esa culminación en donde daría su vida en la cruz; y como Él mismo lo dice su sacrificio tiene el resultado positivo de salvar y rescatar de la eterna perdición a muchas personas; y ¿quién se salvará de entre todas las personas?: Los que crean en el sacrificio de Jesús en lugar de ellos. La gran necesidad del sacrificio de Cristo se entiende entonces cuando sabemos que ése era el objetivo de Cristo para poder salvarnos, el tenía en su mente la cruz y en su corazón las almas que venía a salvar; el vino dispuesto a padecer la agonía de la muerte para que nosotros no tengamos que padecer la agonía de la condenación eterna.

LA NECESIDAD DE LAS PERSONAS:

Es el terrible estado y el destino de condenación de todos nosotros lo que hizo necesario el sacrificio de Cristo; si nosotros no hubiéramos estado perdidos y condenados con rumbo directo al infierno no hubiera sido necesario que Jesús viniera a sufrir el castigo que a nosotros nos tocaría; pero por nuestra causa vino Él, para que nosotros no seamos condenados:

"Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto: y como que escondimos de Él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas Él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre Él; y por su llaga fuimos nosotros curados." (Isaías 53: 3-5)

La gran necesidad del sacrificio de Cristo nació de nuestra gran necesidad de salvación.

Como dice la Biblia "fue menospreciado, y no lo estimamos" muchas personas no comprenden todavía lo que el sacrificio de Cristo significa para ellos; porque no ven la necesidad de él. En un principio ni siquiera los discípulos de Cristo entendían la imperiosa necesidad de este sacrificio como nos narra la Biblia:

"Y [Jesús] comenzó a enseñarles, que convenía que el Hijo del Hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le tomó, y le comenzó a reprender. Y Él, volviéndose y mirando a sus discípulos, riñó a Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres." (Marcos 8: 31-33)

Pedro no sabía lo que decía; sin el sacrificio de Cristo tanto Pedro como todos nosotros no tendríamos como salvarnos. Así también muchísimas personas hoy todavía no se dan cuenta de cuanto necesitan de este sacrificio. Pedro estaba con la mente en otras cosas, muchas personas están con la mente en otras cosas y no piensan en las cosas de Dios.

Pedro todavía no se reconocía a sí mismo como un pecador perdido necesitado de urgente salvación; igualmente muchas personas todavía no están verdaderamente convencidas de que son seres pecadores y por lo tanto condenados, de allí que el sacrificio salvador de Jesús no tenga para ellos la importancia infinita que realmente tiene. Una cosa que puede ayudarnos a entender nuestra condición propia desesperada en sí misma es lo que Dios declara en la Biblia sobre todas las personas sin excepción:

"¿Qué pues? ¿Somos mejores que ellos? En ninguna manera: porque ya hemos acusado a judíos y a gentiles, [los que no son judíos], que todos están debajo de pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios; todos se apartaron, a una fueron hechos inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno: Sepulcro abierto es su garganta; con sus lenguas tratan engañosamente; veneno de áspides está debajo de sus labios; cuya boca está llena de maledicencia y de amargura; sus pies son ligeros a derramar sangre; quebrantamiento y desventura hay en sus caminos; y camino de paz no conocieron: no hay temor de Dios delante de sus ojos." (Romanos 3:9-18)

"Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios." (Romanos 3: 23)

En nuestras propias personas, así creamos ser los más buenos de la tierra, no hay esperanza de salvación, no hay ni habrá méritos suficientes para salvarnos; el primer hombre Adán fue condenado por un solo pecado, y nosotros que somos pecadores desde la raíz de nuestro ser, en nosotros mismos esperanza de salvación no tenemos. Pero gracias a Dios Él nos envió a Jesús para salvarnos y aunque no hay esperanza de nuestra parte, afuera de nosotros está la salvación en Jesucristo para todos los que crean en su sacrificio por nosotros, Él sufrió la condena en nuestro lugar para que nosotros quedemos totalmente liberados para siempre de toda condenación:

"Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios; siendo justificados gratuitamente por su gracia por la redención que es en Cristo Jesús." (Romanos 3: 23-24)

Nosotros somos pecadores y no podíamos alcanzar la gloria de Dios con nuestros méritos, ya estabamos condenados, pero Dios ideó la forma para declararnos justos ("justificados") en base a los méritos de otro, de Jesucristo, gratis, sin que nosotros paguemos nada. Teniendo en vista que Cristo ya ha cumplimentado por nosotros tenemos que saber reconocer sinceramente nuestra condición de pecadores y aferrarnos fuertemente al sacrificio de Cristo que nos salvará para siempre. Grande es nuestra necesidad del sacrificio de Cristo.

JESÚS LA ÚNICA SALVACIÓN:

El sacrificio de Cristo no es una opción a elegir entre muchas otras; porque este sufrimiento y muerte de Jesús es la única forma establecida por Dios para nuestra salvación, es nuestra única salida según lo que Dios nos revela en la Biblia:

"Pues que somos hoy demandados acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, al que vosotros crucificasteis y Dios le resucitó de los muertos, por Él este hombre está en vuestra presencia sano. Éste es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos." (Hechos 4: 9-12)

Aquí Dios hace un milagro de sanidad en el nombre de Jesús a través de dos de los apóstoles Pedro y Juan, luego ellos predicaron el evangelio diciendo que en ningún otro que Jesús hay salvación; esto es algo terminante que no admite ningún tipo de agregados; también el propio Señor Jesús afirmó esto:

"Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí." (Juan 14: 6)

Sin Jesucristo, sin su sacrificio por nosotros, no habría salvación alguna, y sólo en el nombre de Jesús, invocando su nombre, creyendo en su sacrificio , seremos salvados de la condenación:

"Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." (Romanos 10: 13)

"Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sión la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa; y el que creyere en ella, no será confundido." (1 Pedro 2: 6)

"En el cual [en Jesús] tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados por las riquezas de su gracia." (Efesios 1: 7)

La necesidad del sacrificio de Cristo es grande porque no hay otros salvadores; Cristo es nuestra única salvación posible

LA GRANDEZA DE NUESTRO SALVADOR:

Jesucristo es Dios, Hijo de Dios; Él es de la misma naturaleza divina que su Padre y que el Espíritu Santo que procede del Padre y del Hijo, es todopoderoso, justo, no arbitrario, de perfecta santidad, está en todas partes, sabe todas las cosas pasadas presentes y futuras, creó todas las cosas, es amor, es eterno e inmortal, no cambia nunca, es fiel y digno de toda alabanza y ponderación y como Dios es el único que salva:

"Mas yo soy Jehová tu Dios desde la tierra de Egipto: no conocerás pues Dios fuera de mí, ni otro Salvador sino a mí." (Oseas 13: 4)

Con estas palabras Dios reclamaba a quienes se había manifestado en ese tiempo, al pueblo de Israel, ser reconocido como el único y verdadero Dios y como el único Salvador; Dios no quiere que tengamos otros salvadores aparte de Él mismo; eso sería algo injusto de nuestra parte; el único que podía salvarnos era Dios mismo, así que sólo Jesucristo, que es Dios, pudo venir a ser el Salvador del pueblo de Israel y también del resto de la humanidad:

"De la simiente de éste [de David], Dios, conforme a la promesa, levantó a Jesús por Salvador a Israel." (Hechos 13: 23)

"Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo para ser Salvador del mundo." (1 Juan 4: 14)

"... y de los cuales [israelita] es Cristo según la carne, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén." (Romanos 9: 5)

Jesucristo es Dios, el único que puede salvarnos.

JESÚS: EL HIJO DEL HOMBRE:

En el pasaje de Juan 3.14-16 que estamos considerando, Jesús se llama a sí mismo: "el Hijo del Hombre", expresión que nos habla de la humanidad de Jesús como también de su carácter representativo de la raza humana entera (no olvidemos que Él nos reemplazó a todos en la cruz sufriendo nuestra condenación). Jesús es verdaderamente alguien maravilloso porque es una sola persona que posee dos naturalezas: la naturaleza divina (que siempre tuvo) y la naturaleza humana (que por su gran poder infinito Él añadió a su persona); así que nuestro Señor Jesucristo es una persona que posee dos conciencias a la vez: la conciencia en su divinidad y la conciencia en su humanidad sin pecado. En el Antiguo Testamento de la Biblia ya estaba profetizada siglos antes de que sucediera, la venida de este Hijo nuestro (hombre), pero que era en realidad de origen y naturaleza divinos:

"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz." (Isaías 9: 6)

Este hermoso pasaje de la Biblia profetiza el nacimiento de Jesús, el Hijo del Hombre que vendría a salvarnos, a la vez que afirma su divinidad. Cristo también es llamado "Padre eterno" no porque sea el Dios Padre que es su Padre; sino porque Él será para los que crean en Él un padre, Él dice:

"He aquí, yo [Cristo] y los hijos que me dio Dios [el Padre]." (Hebreos 2: 13)

El sacrificio de Cristo fue tan necesario que Él mismo asumió la naturaleza humana para poder morir por nosotros.

JESÚS ILUSTRA SU SACRIFICIO:

En el pasaje de Juan 3.14-16 que consideramos, Jesús compara su sacrificio con algo que había sucedido hace mucho tiempo cuando dice "Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado [en la cruz]", Jesús se está refiriendo así a lo que la Biblia nos narra en el libro de Números capítulo 21 versículos 4 al 9:

"Y partieron del monte de Hor, camino del mar Bermejo, para rodear la tierra de Edom; y abatióse el ánimo del pueblo por el camino. Y habló el pueblo contra Dios y Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en este desierto? que ni hay pan, ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. Y Jehová envió entre el pueblo serpientes ardientes, que mordían al pueblo: y murió mucho pueblo de Israel. Entonces el pueblo vino a Moisés, y dijeron: Pecado hemos por haber hablado contra Jehová, y contra ti: ruega a Jehová que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta: y será que cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. Y Moisés hizo una serpiente de metal, y púsola sobre un asta, y fue, que cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de metal, y vivía." (Números 21: 4-9)

Vemos que el pueblo de Israel había pecado contra Dios mostrando falta de fe e ingratitud para con quien les había librado recientemente de la esclavitud en el país de Egipto mediante grandes señales y prodigios entre los cuales estaba el haber podido pasar el mar Rojo en seco (porque Dios les abrió un camino en medio del mar para que pudiesen huir del ejército egipcio que los perseguía, y una vez que terminaron ellos de pasar el mar se cerró de nuevo sobre el ejército perseguidor); además no supieron agradecer el alimento que Dios les daba cada día milagrosamente (el llamado Maná) y además se quejaron de tan gran ayuda diciendo que tenían fastidio de "este pan tan liviano"; también protestaron por falta de agua siendo que Dios ya les había provisto de agua milagrosamente anteriormente y que la presencia de Dios estaba en medio de ellos en forma de una columna de nube de día y columna de fuego de noche.

Este pecado del pueblo de Israel atrajo el castigo de serpientes venenosas que los mordían; y muchos murieron. El pueblo se arrepintió y pidió perdón a Moisés y a Dios. El Señor Dios proveyó la salida por medio de una serpiente de metal en lo alto de un asta. Y cuando alguien era mordido, sólo miraba esa serpiente de metal en lo alto del asta y milagrosamente vivía por el poder de Dios.

El Señor Jesucristo declara: "Y, como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado [en la cruz]"; cada persona está perdida por el pecado, como vimos, en esto todos se parecen a esos israelitas que estaban perdidos por las mordeduras de las serpientes venenosas; pero Jesús fue levantado en la cruz de la misma manera que la serpiente de metal fue levantada en un asta; y cualquiera que mire al sacrificio de Cristo se salvará de la condenación eterna de semejante manera que cuando los israelitas mordidos por las serpientes se salvaban al mirar esa serpiente de metal en lo alto del asta.

Ésta es una magnifica ilustración que nos habla claramente de cuán urgentemente necesario es el sacrificio de Cristo para las personas.

MOISÉS SEÑALA A JESÚS:

En la época en que Cristo estaba en la tierra muchas personas pensaban que podían salvarse mediante sus buenas obras y el cumplimiento de la ley que Dios reveló por medio de Moisés; pero Cristo les saca de su error diciéndoles que Moisés no puede salvarles sino que por el contrario los condena:

"No penséis que yo os tengo de acusar delante del Padre; hay quien os acusa, Moisés, en quien vosotros esperáis." (Juan 5: 45)

Pero no obstante esto, la ley que condena también nos dice donde está la solución: en Jesucristo el Salvador:

"Porque si vosotros creyeseis a Moisés, creeríais a mí [a Jesús]; porque de mí escribió él [Moisés]." (Juan 5: 46)

Moisés señala a Jesús.

Muchas personas hoy en día también creen que la forma de alcanzar la salvación es tratando de cumplir la ley de Dios que Él dio por medio de Moisés, es decir que están tratando de salvarse mediante sus buenas obras. Dios advierte a todas las personas en su Palabra que esa no es la forma de salvarse, Él dice:

"Porque por las obras de la ley ninguna carne se justificará delante de Él; porque por la ley es el conocimiento del pecado." (Romanos 3: 20)

Nadie en absoluto podrá ser justificado (reconocido justo) delante de Dios por las obras que haga; la ley de Dios no es el camino de la salvación; Dios nos dice que la finalidad de la ley es que reconozcamos que somos pecadores; pues viendo la ley vemos, (si somos sinceros), que nunca la hemos cumplido a la perfección y que por lo tanto ya estamos condenados. Pero gracias a Dios que Él proveyó para nosotros la salvación en Jesucristo; porque en la ley y en nuestros méritos no hay salvación alguna. Los israelitas mordidos por las serpientes no se salvaron por mirar a Moisés, en la persona de Moisés no estaba la solución; la solución estaba en esa serpiente de metal en lo alto del asta. La solución para nosotros no está en la ley que Dios dio a Moisés; la solución está en Jesucristo que fue levantado en lo alto de una cruz por nosotros.

Moisés todo lo que podía hacer era señalar humildemente hacia arriba donde Dios había hecho colocar la serpiente de metal en lo alto del asta; los israelitas mordidos sabían, porque Moisés se lo había dicho, que debían mirar a la serpiente de metal allá arriba. Cuando era niño muchas veces me tocó izar la bandera en el mástil de mi escuela; y yo apenas alcanzaba los alambres donde se ataba la bandera, de modo que debía levantar mucho mi cabeza y mis brazos hacia arriba, y todos los demás alumnos seguían con su mirada hacia arriba la subida de la bandera. Estoy seguro de que el mástil donde estaba la serpiente de metal era mucho más alto de lo que me parecía el mástil de la bandera; la serpiente de metal estaba tan alta que todo el pueblo de Israel podía verla desde lejos; Moisés en cambio estaba abajo señalando hacia arriba. De la misma manera Cristo está más alto y es superior a la ley; porque la ley sólo puede condenar nuestros pecados; pero Cristo vino a salvarnos de la condenación de nuestros pecados:

"Porque la ley por Moisés fue dada: mas la gracia y la verdad por Jesucristo fue hecha." (Juan 1: 17)

La gracia trae salvación gratuita, para los que se arrepienten de sus pecados y acuden al sacrificio de Cristo para salvación; Cristo pagó completamente el precio de nuestra salvación de manera que nosotros la recibimos gratis; sólo que debemos tomar este regalo de las manos de Dios creyendo en Él, es decir sólo por medio de la fe en el sacrificio de Cristo como lo dice Dios:

"Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: No por obras, para que nadie se gloríe." (Efesios 2: 8, 9)

La necesidad del sacrificio de Cristo es tan grande porque es por la fe en ese sacrificio del Señor que nos salvamos y no por nuestros propios méritos.

MOISÉS LEVANTÓ LA SERPIENTE:

Ya hemos visto que según la Biblia Moisés simboliza la Ley de Dios y que la serpiente de metal representa a Cristo, tenemos así que de la misma manera que la serpiente de metal fue levantada por Moisés, así también Jesús fue levantado en la cruz y fue crucificado, por la Ley de Dios:

"Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición; (porque está escrito: Maldito cualquiera que es colgado en madero)." (Gálatas 3: 13)

Cristo recibió sobre sí mismo la maldición de la ley, para que esta maldición no siguiera sobre nosotros, porque recordemos que la ley de Dios sólo puede condenarnos, porque lo merecemos; pero por su gran amor, Cristo sufrió en lugar nuestro el castigo por nuestros pecados, es decir por nuestras transgresiones a la ley de Dios porque: "Cualquiera que hace pecado, traspasa también la ley; pues el pecado es transgresión de la ley." (1 Juan 3: 4). Entonces la única forma de que la condenación de la Ley no siguiera sobre nosotros era que Cristo recibiera dicha condenación sobre sí mismo; la gran necesidad del sacrificio de Cristo se ve en esto también; Cristo fue el pararrayos que atrajo sobre sí mismo el rayo de la condenación para que no cayera sobre nosotros. El pararrayos tiene la capacidad de atraer los rayos para que no caigan en cualquier parte, el pararrayos conduce la energía eléctrica del rayo hacia la tierra donde no puede hacer daño. Ahora, supongamos que una persona tome en medio de una tormenta eléctrica la punta de un pararrayos, el rayo no pasaría sólo a la tierra, también pasaría a la persona; esto que parece una locura es lo que muchas personas hacen, no dejan que Cristo atraiga solo el rayo de la condenación, sino que ellos quieren asumir la responsabilidad de atajar el rayo , es decir que se ponen debajo de la ley como si ellos pudieran así salvarse; esto es un gravísimo error como lo advierte la Biblia:

"Porque todos los que son de las obras de la ley, están bajo de maldición. Porque escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas que están escritas en el libro de la ley, para hacerlas." (Gálatas 3: 10)

Así que aceptemos al Señor Jesucristo como nuestro pararrayos salvador y la condenación de la ley se apartará para siempre de nosotros.

¿POR QUÉ UNA SERPIENTE DE METAL?:

¿Por qué Dios ordenó que el símbolo de Cristo en la cruz fuera una serpiente de metal? Porque la serpiente de metal recordaba a los israelitas las serpientes que los mordieron; de la misma manera el sacrificio de Cristo y sus padecimientos por nosotros nos recuerdan el pecado y el castigo que nosotros debíamos sufrir. Cuando los israelitas miraban la serpiente de metal en lo alto, recordaban su pecado, recordarían cuando protestaron injustamente contra Dios, recordarían el momento terrible en que una serpiente venenosa les mordió, recordarían el temor a la muerte y tal vez el comienzo de una horrible agonía por el veneno de la serpiente; y así serían conmovidos en su corazón por la gran salvación que Dios les daba en la serpiente de metal; ¡qué alegría! ¿dónde está el poder del veneno? ¿dónde la agonía de la muerte? ¡Están vencidos, anulados por el poder de Dios! Tal es la virtud que Dios concedió a esa serpiente de metal en lo alto del asta. Y mayor aún es la virtud que Dios concedió al sacrificio del Señor Jesucristo en lo alto de la cruz:

"¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y la potencia del pecado, la ley. Mas a Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesucristo." (1 Corintios 15: 55-57)

"Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro." (Romanos 6: 23)

El pecado nos deparaba una segura condenación; ya circulaba dentro de nosotros el veneno mortal del pecado y sólo esperábamos el desenlace horrible de la muerte y la eterna agonía del juicio por nuestros pecados que la ley de Dios demandaba; pero Dios levantó en la cruz esa maravillosa serpiente de metal que es Jesucristo y mirando a Él obtenemos el regalo de la vida eterna, la victoria contra la muerte y la condenación.

La serpiente de metal también nos recuerda que Cristo tomó sobre sí mismo nuestra naturaleza humana y nuestro lugar en la condenación; nosotros con nuestros pecados éramos nuestra propia serpiente como dice el predicador Juan el Bautista el precursor de Cristo en la Biblia:

"Y decía a las gentes que salían para ser bautizadas de Él: ¡Oh generación de víboras! ¿quién os enseñó a huir de la ira que vendrá?" (Lucas 3: 7)

Y también en la carta del Apóstol Pablo a los creyentes de la ciudad de Roma, Dios compara a todas las personas con serpientes venenosas:

"Todos se apartaron, a una fueron hechos inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni aun uno: Sepulcro abierto es su garganta; con sus lenguas tratan engañosamente; veneno de áspides está debajo de sus labios." (Romanos 3: 12, 13)

Circula en nosotros el veneno del pecado, y es nuestro propio veneno, Dios nos compara a serpientes venenosas que llevan veneno en su boca. Nuestra naturaleza humana es pecaminosa, lleva el pecado. Pero Jesús asumió esta naturaleza humana para sufrir en nuestro lugar la condena que como a serpientes nos correspondía; la diferencia está en que Cristo no tenía pecado. Nosotros somos personas con pecado, serpientes venenosas; pero Cristo es la única persona sin pecado; es una serpiente limpia y brillante de metal, sin veneno y que imparte salvación al que mira a Él:

"Porque lo que era imposible a la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne" (Romanos 8: 3). "Porque no tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado." (Hebreos 4: 15) .

Sólo Jesucristo, la única persona sin pecado, podía pagar por nosotros.

LA GLORIA Y EL TRIUNFO DE JESUCRISTO EN LA CRUZ:

Fue en medio de un desierto donde Moisés levantó la serpiente de metal; de la misma manera Jesucristo fue levantado en una cruz en medio de un mundo hostil y enemigo de Él; pero aunque todos sus enemigos le colgaron de una cruz y se burlaban de Jesús estando Él crucificado, era en realidad la hora en que Jesús estaba asegurando su triunfo final; Jesús estaba alcanzando su objetivo de dar su vida por nosotros para poder rescatarnos; Él estaba logrando la salvación para nosotros.

"Y despojando los principados y las potestades, sacólos a la vergüenza en público, triunfando de ellos en la cruz." (Colosenses 2: 15)

La serpiente de metal podía ser mirada tanto de día como de noche, de día por la luz del sol, de noche por la luz que irradiaba la columna de fuego donde estaba la presencia de Dios; porque Dios estaba siempre con su pueblo de Israel en el desierto en forma de columna de nube de día y columna de fuego de noche: "Así era continuamente: la nube lo cubría de día, y de noche la apariencia de fuego." (Números 9: 16). La noche no podía impedir que cualquiera de los mordidos pudieran mirar la serpiente de metal brillando con el reflejo de la luz de Dios. De la misma manera la noche tenebrosa de este mundo no puede impedir que los que quieren salvarse miren a Cristo. La muerte de Cristo en la cruz posee la gloria especial de Dios que conmovió y seguirá conmoviendo a muchas personas, así ya comenzó a ser desde el mismo día de su crucifixión:

"Y el centurión que estaba delante de Él, viendo que había expirado así clamando, dijo: Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios." (Marcos 15: 39)

PARA QUE FUE NECESARIO EL SACRIFICIO DE CRISTO:

"Y, como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado [en la cruz]; para que todo aquel que en Él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." (Juan 3: 14-16)

Nuestro texto de la Biblia nos dice para que fue necesario el sacrificio de Cristo: "Para que todo aquel que en Él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna." y también "para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". Es en la cruz donde Cristo obtuvo nuestra eterna salvación; de manera que somos salvados cuando creemos en Él en ese punto especial de su muerte por nosotros. Creeremos que Cristo es el Hijo Dios de la misma naturaleza divina que Dios el Padre y que el Espíritu Santo; creeremos que Cristo asumió la naturaleza humana, se hizo hombre, pero sin pecado; creeremos en la gloria de su persona; pero finalmente debemos creer que Jesucristo dio su vida en la cruz para salvarnos y debemos tomar una decisión para aceptar su sacrificio por nosotros; nadie debe dejar que la vida pase sin aceptar el sacrificio de Jesús. Imaginemos que algún israelita en el desierto, al ser mordido por una serpiente venenosa, menospreciara y no mirara a la serpiente de metal que Moiséw les levantó sobre un asta; esa persona se hubiera muerto por el veneno de la serpiente; de la misma manera cualquiera que no crea en el sacrificio de Cristo como su único medio de salvación, será condenado eternamente. Nadie deje que esto le suceda; Cristo salvará eficientemente a los que miren a Él.

Todos estamos condenados por el veneno mortal de nuestros pecados, no hay remedio humano para esta enfermedad; pero en el sacrificio de Cristo vemos nuestro remedio; Cristo cargó y pagó por nuestros pecados en la cruz; si miramos con fe este sacrificio ya efectuado y completado por Él, seremos salvados para siempre de toda condenación. Cristo resucitó y lo garantiza.

¿QUÉ DEBEMOS HACER?

Los israelitas miraron a la serpiente de metal y se salvaron del veneno; y nosotros ahora, en este tiempo, ¿qué es lo que debemos hacer?; esta pregunta, la más importante pregunta que cualquier persona pueda hacerse, está registrada y también contestada en la Palabra de Dios en varias formas que significan una misma cosa TENER FE EN CRISTO Y SU SACRIFICIO:

"Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." (Hechos 2: 21)

"Si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salud. Porque la Escritura dice: Todo aquel que en Él creyere, no será avergonzado. Porque no hay diferencia de judío y de griego: porque el mismo que es Señor de todos, rico es para con todos los que le invocan: Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo." (Romanos 10: 9-13)

Esto significa que después de que nos enteramos y cuando creemos de corazón que Cristo murió por nosotros y que vive ahora y nos escucha, entonces acudiremos directamente a Dios pidiéndole confiados que nos salve en el nombre de su Hijo Jesucristo; porque evidentemente esto de la salvación no debe quedar en un mero razonamiento que nos hacemos a nosotros mismos; sería triste que sepamos que Cristo murió en la Cruz para salvarnos y que no creamos necesario aceptarlo ni que Él es el Señor poderoso que está vivo y dispuesto a salvarnos ahora; éste es un asunto crucial de un trato directo entre Dios y nosotros. Supongamos que un hombre que no sabe nadar se esté debatiendo en el agua sin ningún tipo de salvavidas, supongamos que este hombre empiece a razonar: "sé que esas personas que están cerca de mí podrán salvarme"; pero supongamos que el hombre no pide auxilio; se ahogará sin remedio si esas personas no lo ven. Pero el asunto con Dios es muy diferente; nosotros hemos ofendido a Dios y debemos decidir que aceptamos su perdón pidiéndole auxilio y salvación en nombre de Cristo. Nosotros sin Cristo estamos perdidos; pero cuando Dios se nos revela con esta novedad de que Él en persona nos salvará de nuestros pecados gracias al sacrificio de su Hijo Jesucristo, cuando creemos de verdad respondemos directamente ante la persona de Dios; Él escuchará nuestro pedido de auxilio y salvación en el nombre de Cristo "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." (Juan 3: 16).

"Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare." (Hechos 2: 37-39)

Dios mismo se encarga de convencernos de nuestra inmensa y urgente necesidad de salvación; las personas que oyendo el mensaje de la salvación se preocupan de verdad y se afligen de corazón por su situación deseando ser salvados, pueden salvarse arrepintiéndose de sus pecados, arrepentirse significa aquí un volverse sinceramente a Jesucristo para que Él les salve de sus pecados; no significa que tratarán de volverse más buenos por sus propios esfuerzos para que Dios les salve (eso sería tratar de salvarnos a nosotros mismos con nuestros méritos, lo cual es inaceptable para Dios), el arrepentimiento significa más bien un definido y sincero reconocimiento de nuestra condición desesperada de pecadores condenados más la fe en que sólo Jesucristo puede salvarnos y no nosotros a nosotros mismos; y Dios hará el resto, nos salvará y nos limpiará de nuestros pecados. Arrepentimiento es una palabra que significa en la Biblia "cambio de entendimiento"; cuando uno no conoce, está entendiendo que su salvación depende de sí mismo o de otros que no son Jesucristo; pero cuando uno llega a creer en el sacrificio de Cristo y lo acepta con fe como lo único que puede salvarle, entonces su entendimiento cambió, es decir se arrepintió.

En cuanto al bautismo, se debe aclarar que en el texto de la Biblia significa "sumergimiento" o "inmersión" y que es el testimonio público que los nuevos creyentes dan delante de la Iglesia de Cristo siendo sumergidos simbólicamente en el agua. La condición para que una persona pueda bautizarse es que se haya arrepentido, es decir que haya creído en Cristo como el Salvador de sus pecados; el bautismo también simboliza la poderosa obra interior que el Espíritu Santo hace en la persona haciendo de ella una persona nueva, es decir una persona con un espíritu renovado que puede tener comunión con Dios y avanzar en santidad. La persona antes de arrepentirse todavía está distanciada y separada de Dios, el pecado hace separación entre ella y Dios; pero cuando la persona se refugia en Cristo, el Espíritu Santo viene a vivir para siempre en su corazón:

"En el cual [Cristo] esperasteis también vosotros en oyendo la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salud: en el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa." (Efesios 1: 13)

El Espíritu Santo viene entonces inmediatamente en el momento en que la persona cree de corazón en Jesús, es decir antes del bautismo en agua que sólo es un símbolo de lo que Dios ya hizo antes en el corazón de la persona creyente, como se evidencia claramente en las palabras siguientes del apóstol Pedro:

"Entonces respondió Pedro: ¿Puede alguno impedir el agua, para que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?" (Hechos 10:47)

Vemos entonces claramente que el bautismo en agua deben recibirlo los que creyeron en Cristo y por lo tanto ya recibieron el Espíritu Santo; entonces el bautismo no es una condición para salvarse, es más bien un testimonio público ante la Iglesia que Dios manda al que ya está salvado para siempre por Jesucristo.

SÓLO POR LA FE EN CRISTO:

"Mas a media noche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios: y los que estaban presos los oían. Entonces fue hecho de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se movían; y luego todas las puertas se abrieron, y las prisiones de todos se soltaron. Y despertado el carcelero, como vio abiertas las puertas de la cárcel, sacando la espada se quería matar, pensando que los presos se habían huido. Mas Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal; que todos estamos aquí. El entonces pidiendo luz, entró dentro, y temblando, derribóse a los pies de Pablo y de Silas; Y sacándolos fuera, les dice: Señores, ¿qué es menester que yo haga para ser salvo? Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú, y tu casa. Y le hablaron la palabra del Señor, y a todos los que estaban en su casa. Y tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lavó los azotes; y se bautizó luego Él, y todos los suyos. Y llevándolos a su casa, les puso la mesa: y se gozó de que con toda su casa había creído a Dios." (Hechos 16: 25-34)

En la Biblia el verbo "creer" tiene el mismo significado que la palabra "fe" en el texto de la Biblia en su idioma original el griego; vale decir que cuando leemos "Cree en el Señor Jesucristo" es lo mismo que "ten fe en el Señor Jesucristo"; en definitiva, los israelitas mordidos por las serpientes sólo debían mirar la serpiente de metal en lo alto del asta y esto era suficiente para sanarlos y salvarlos de la muerte; de la misma manera hoy a nosotros nos basta con mirar a Cristo con los ojos de la fe, es decir creer, tener fe en su sacrificio por nosotros, eso es mirar a Cristo.

"Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios: No por obras, para que nadie se gloríe." (Efesios 2: 8, 9)

¡ MIRE ! . . . ¡ MIRE A CRISTO !



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